La guerra con Irán marcó un punto de inflexión en el desempeño de los mercados. El alza del precio del petróleo y la energía en general, hizo subir las expectativas de inflación y debilitó las proyecciones de crecimiento ante la incertidumbre geopolítica, llevando a las bolsas a una caída de más de 10% en la mayoría de las regiones.
El canal de acción es bastante intuitivo, mayor precio del crudo implica mayores costos (en promedio) lo que eventualmente golpea la actividad económica. Pero, ¿el mercado sigue esta relación?
Al analizar en los últimos 40 años la correlación entre el precio del petróleo y el desempeño de la bolsa en EE.UU. vemos que, en promedio, cuando el crudo sube la bolsa tiene mejores retornos (13.1%) que cuando este commodity está en un ciclo a la baja (11.3%). Es más, al revisar el impacto en rentabilidad del S&P 500 posterior a 2 días de alzas mayores a 5% en el petróleo históricamente, vemos alzas más de 20% a 12 meses, en promedio.
Evidentemente estos datos deben ser analizados con cautela. Un alza sostenida en el precio del petróleo podría generar efectos disruptivos a nivel económico y financiero con negativas consecuencias para los activos de riesgo. Dicho esto, las alzas transitorias no necesariamente tienen un impacto relevante en el mercado e incluso podrían ser consideradas oportunidades para los inversionistas de largo plazo.
Nadie tiene certeza de cuánto durará la guerra en Irán pero es importante recordar que el mercado va un paso adelante y no hay mejor estrategia de inversión que la disciplina, especialmente en estos momentos de incertidumbre.
Columna escrita por José Ignacio Villarroel para el Diario La Segunda
