Este año ha sido particularmente heterogéneo en los retornos y, en algunas regiones, especialmente volátil. Por ejemplo, en Corea, luego de llegar a una rentabilidad de 125% en junio, corrigió más de 34% para luego volver a subir 17% en la última semana.
En medio de este frenesí, la tentación es subirse rápidamente a las distintas tendencias del momento, ya sea regionales, sectoriales o temáticas. Si bien esta idea puede parecer inicialmente sensata, la realidad es mucho más compleja.
Tomemos como ejemplo las empresas globales de memoria. Sin duda, este año ha sido uno de los sectores más beneficiados del boom de IA y progreso tecnológico en general.
La industria financiera, ágilmente, creó un fondo en abril que permite ganar exposición a esta subindustria de manera “pura”, simple y eficiente. El fondo fue un éxito levantando más de US$ 26 mil millones en 3 meses y medio. Los retornos acompañaron, en ese periodo la estrategia tuvo una rentabilidad de 102.6%. Todo bien entonces, ¿no?
Para los inversionistas, en agregado, no. La TIR del inversionista promedio en ese fondo ha sido solamente 2.1%. ¿Cómo es esto posible? El fondo inició actividades, subió muchísimo y ahí recién entraron los grandes flujos que aprovecharon sólo una parte del retorno.
No sólo no existe una metodología infalible para identificar tendencias exitosas del futuro, sino que para obtener rentabilidad positiva en las estrategias, es muy importante recordar que hay que invertir en el momento correcto, lo que tampoco es factible de predecir. Lamentablemente si se sigue a las masas, muchas veces se llega tarde a la fiesta.
Columna escrita por José Ignacio Villarroel para el Diario La Segunda
